Quizá ya me enterraste y hasta un puño de tierra aventaste, quizá estas desenterrando a alguien más, a lo mejor tienes bien abierta la herida y sangra todavía, quizá ni sangras y lo que tienes abiertas son las puertas del corazón, yo no supe llegar porque no encontré la llave, quizá la escondiste para mí o tal vez nunca la vi. Cuando contemplo tu sonrisa tan pura, tan inocente y luminosa, me arrepiento de haberla borrado, indiferencia y ausencia sentía, ahora un vagón de soledades es mi compañía, es muy difícil dejar de pensar mientras las luces del anden atraviesan el cristal desde donde miro tu casa blanca, cambiar el mundo te lo prometí y solo amargura te conseguí.

Te conozco mosco. ¡Ánimos!
ResponderEliminarBien escrito, me cae.